El Kumano Kodo es mucho más que una ruta de senderismo por las montañas de Japón. Para muchos viajeros, representa un reto físico exigente y la oportunidad de ver templos impresionantes rodeados de naturaleza. Sin embargo, en estos bosques sagrados se esconden un montón de secretos y leyendas antiguas que la mayoría de la gente desconoce.
Si ya estás organizando tu viaje con nuestra Guía completa del Kumano Kodo (tu lectura imprescindible para planificar toda la logística de la ruta), este artículo te descubrirá cinco historias fascinantes que harán que disfrutes de tu caminata con otros ojos.
Yatagarasu: El cuervo de tres patas que acabó en el fútbol japonés
Es imposible recorrer el Kumano Kodo sin ver por todas partes la silueta de un cuervo gigante con tres patas. Se trata de Yatagarasu (八咫烏, que se traduce como «cuervo de ocho palmos»), el mensajero divino de los de los dioses de Kumano y el gran símbolo de la región.
- El guía del primer emperador: Según los libros más antiguos de la mitología japonesa (el Kojiki y el Nihon Shoki), la diosa del sol Amaterasu envió a este cuervo para guiar al Emperador Jimmu en el año 660 a.C. El emperador y su ejército se habían perdido en los peligrosos bosques de Kumano tras perder una batalla. Gracias al increíble sentido de la orientación de Yatagarasu, lograron cruzar las montañas y fundar el imperio en Nara (antigua Yamato). Tras cumplir su misión, el cuervo regresó a descansar a los bosques de Kumano Nachi Taisha.
- ¿Por qué tiene tres patas?: Aunque no hay un documento único que lo explique, los monjes locales le dan dos significados muy bonitos:
- La unión de todo: Las tres patas representan el Cielo (天), la Tierra (地) y la Humanidad (人), tres elementos que nacen del sol y cohabitan en hermandad.
- Las tres grandes virtudes: Simbolizan la Sabiduría (Chi), la Benevolencia (Jin) y el Valor (Yuu).
- Su salto al fútbol: Te llamará mucho la atención saber que Yatagarasu es el escudo oficial de la Asociación de Fútbol de Japón (JFA) y la mascota de la selección nacional. El hombre que impulsó el fútbol en el país a principios del siglo XX, Nakamura Kakunosuke (1878-1906), nació en esta región. Al fundar el primer equipo, decidió adoptar al cuervo sagrado con una idea muy curiosa: que “guíe el balón para que encuentre siempre el camino hacia la portería rival”.
Los Santuarios Oji: Pequeños protectores en mitad del bosque

Mientras caminas, sobre todo si haces la famosa ruta de Nakahechi, te cruzarás con un montón de pequeños altares de piedra rodeados de ofrendas. Son los conocidos como los Kyujukyu Oji (los «99 Oji», una forma tradicional de decir que son innumerables).
- Deidades para cuidar a los peregrinos: Estos altares no son simples puntos de descanso o de información. En realidad, albergan a las deidades infantiles de Kumano (Doji). Fueron creados hace siglos por los monjes ascetas de la montaña (los Yamabushi) para proteger a los caminantes de los peligros del bosque profundo.
- Takijiri-Oji: La frontera con el más allá: Este santuario es uno de los más importantes porque marca la entrada a las montañas más sagradas. En la antigüedad, la gente creía que en este punto terminaba el mundo real y empezaba el hogar de los dioses. Se sitúa donde se juntan dos ríos. Uno de ellos se asociaba con el Sanzu-no-Kawa, el río budista que las almas deben cruzar para ir al reino de los muertos (el equivalente al río Estigia). Por eso, antes de continuar, los antiguos emperadores y nobles se bañaban en estas aguas heladas para limpiar su cuerpo y su alma.
Oyunohara: El santuario original y el Torii más grande del mundo
Cuando visites el majestuoso Kumano Hongu Taisha (el corazón del Kumano Kodo), verás que sus preciosos edificios de madera están en una colina rodeada de árboles. Pero ese no es su lugar de origen.
- Un santuario flotante: Hasta finales del siglo XIX, este gran santuario estaba en Oyunohara, un inmenso banco de arena situado en la confluencia de tres ríos: el Kumano, el Otonashi y el Iwata. En aquel entonces, el templo era ocho veces más grande que ahora: tenía 5 pabellones enormes, 12 templos pequeños, escenarios de danza tradicional Noh y grandes puertas de madera. Para entrar, los peregrinos tenían que descalzarse y cruzar el río, lo que servía como purificación natural por agua.
- La gran inundación de 1889: En agosto de ese año, un terrible tifón provocó una crecida salvaje de los ríos que arrasó casi todo el santuario. Los monjes lograron rescatar los altares de las deidades de los pabellones supervivientes y los trasladaron en 1891 a su ubicación actual, a salvo del agua. Hoy en día, en Oyunohara solo quedan dos sencillos altares de piedra en mitad de un bosque muy tranquilo.
- El gigantesco Otorii: Para marcar la entrada a ese lugar sagrado, en el año 2000 se levantó el Otorii (puerta de santuario) más grande del mundo. Mide 33.9 metros de alto, 42 metros de ancho y pesa 172 toneladas. Es tan inmenso que se ve desde la distancia y tiene grabado en la parte superior el símbolo de Yatagarasu en color dorado.
El camino que rompió las barreras de género
Durante la época de mayor esplendor del Kumano Kodo (siglos XI al XIII), la religión en Japón era muy estricta con las normas de pureza. Una de las reglas más duras era que se prohibía a las mujeres entrar en las montañas sagradas.
- El veto en otros lugares sagrados: En Koyasan (el gran centro budista del norte) y en el Monte Omine, las mujeres tenían prohibido el paso para «no distraer a los monjes». De hecho, en Koyasan no pudieron entrar hasta finales del siglo XIX, y en el Monte Omine la prohibición sigue vigente hoy en día.
- Kumano Kodo, un camino para todos: Kumano rompió por completo con estos tabúes. Sus deidades tenían una norma revolucionaria: no discriminar a nadie. Por eso, el camino recibió con los brazos abiertos a mujeres, a personas de todas las clases sociales (desde emperadores hasta campesinos sin recursos), a enfermos y a discapacitados. Esto hizo que miles de personas acudieran en masa, creando una estampa que los escritores de la época llamaron «el desfile de las hormigas hacia Kumano».
- La historia de Izumi Shikibu en Fushiogami-Oji: En el mirador de Fushiogami (donde los peregrinos ven por primera vez el santuario de Hongu al final del viaje), hay un monumento dedicado a Izumi Shikibu, una famosa poetisa del siglo XI. Se dice que, al llegar allí, Izumi comenzó a menstruar. Como la sangre se consideraba algo impuro, se entristeció pensando que no podría visitar el templo tras todo su esfuerzo. Escribió un poema lamentándose, pero esa noche la deidad de Kumano se le apareció en sueños para decirle que al dios de estas montañas no le importaba en absoluto la naturaleza de su cuerpo. Así quedó claro que Kumano era un espacio de aceptación total.
Yunomine Onsen: Aguas medicinales y un guerrero resucitado

Al terminar las etapas más duras de la ruta, el camino baja hasta Yunomine Onsen, un pequeño y encantador pueblo balneario escondido en un valle estrecho. Con más de 1.800 años de historia, es uno de los pueblos de aguas termales más antiguos de todo Japón.
- El manantial sagrado: Según la leyenda local, las aguas curativas del pueblo empezaron a brotar directamente del pecho de una estatua de piedra de Yakushi Nyorai (el Buda de la Medicina). Por eso, al principio llamaron al lugar Yunomune («Pecho de agua caliente»).
- La curación milagrosa de Oguri Hangan: Se cuenta que, en el siglo XV, un joven noble llamado Oguri Hangan fue envenenado por sus enemigos. Sobrevivió, pero quedó ciego, mudo y completamente paralizado de las piernas. Su esposa, la princesa Terute, se negó a dejarlo morir. Con una fuerza increíble, lo colocó en un carro de madera y lo arrastró durante cientos de kilómetros por los difíciles caminos de montaña buscando ayuda.
- El baño en Tsuboyu: Al llegar a Yunomine Onsen, sumergieron a Oguri en las aguas de Tsuboyu, una poza natural excavada en la piedra del río que está protegida por una pequeña casita de madera (hoy en día, el único onsen del mundo declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO). Tras bañarse allí durante 49 días, en unas aguas que, según dicen, cambian de color siete veces al día, Oguri recuperó la vista, la voz y la fuerza para volver a caminar como el gran guerrero que era.
Hoy en día, tú también puedes reservar un turno de 30 minutos para bañarte en Tsuboyu. Es la forma perfecta de relajar las piernas cansadas y sentir la magia de un lugar con de historias de sanación a sus espaldas.
¿Quieres seguir descubriendo los secretos de esta ruta milenaria? Ahora que ya conoces sus historias más misteriosas, vuelve a nuestra Guía completa del Kumano Kodo para empezar a planificar tu viaje.
Recuerda que muy pronto en Pambre Tours colgaremos más información sobre el Tour por el Kumano Kodo que estamos preparando. ¡Desde Pambre Tours nos encargamos de asegurar que tu aventura por estos senderos sagrados esté perfectamente organizada!





